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El Cabaco y el Agua

El río Yeltes, al que los romanos llamaron Heltes, es el nexo topográfico entre el Campo Salmantino y la Sierra de Francia. Los, aproximadamente setenta kilómetros cuadrados, de superficie de la Cuenca del Yeltes, constituyen los actuales términos municipales de El Cabaco, El Casarito, La Bastida, Cilleros de la Bastida, Cereceda de la Sierra y la Nava de Francia. Los primeros pobladores de El Cabaco, tras la campaña de repoblación emprendida por Alfonso VI, allá por los primeros años del siglo XII, eligieron el Altozano situado a la izquierda del cauce del río Gavín porque muy cerca de él había dos manantiales que podían convertirse en fuentes. Río, fuentes y altozano, tres elementos próximos, situados en una llanura, flanqueada por una serie de lomas y colinas para definir el origen de un pueblo, como de tantos otros, en torno al uso del agua como vertebración del territorio. El Puente Viejo de El Cabaco, junto al también viejo molino, es un puente emblemático con un gran valor histórico. Antes de su construcción, los primeros vecinos del Barrio de Abajo, donde se ubica, (también llamado el Altozano o el Teso del Puente) a fuerza de transitar por las mismas veredas para bajar hasta el río a buscar agua y trabajar los huertos, construyeron, suponemos, primero una pasarela con troncos, ramos y terrones e hicieron sendas y caminos hasta la construcción del robusto puente que es, actualmente, uno de los más meritorios monumentos de El Cabaco. Después de construido el puente, no tardó en construirse junto a él y junto al río, no el actual molino, sino otro anterior que ocupa el lugar del que se conserva en la actualidad. Si los fundadores del pueblo buscaban la proximidad de ríos o arroyos, era, en otras cosas, para poder disponer de aceñas o de molinos para la molturación de cereales y obtención de harina para la posterior elaboración del pan. El pan que, hoy sigue siendo el componente básico de nuestra alimentación, tanto para pobres como para ricos, lo fue aún más en tiempos pasados. Es por ello que antaño, rara era la población, grande o chica, que teniendo un río en su término municipal, no tuviera uno o varios molinos a la orilla de su cauce. A pesar del interés en recabar datos veraces acerca del origen de este Puente Viejo, lo cierto es que desde aquellas primeras chozas de los primeros campesinos en el Barrio del Altozano, con techumbre de brezos y escobas hasta las viviendas de adobe y piedra , los habitantes de El Cabaco durante siglos continúan surtiéndose del agua para beber de las dos fuentes que hubo donde hoy están las que todavía existen: la Grande, transformada después en abrevadero para el ganado, y la Chica, reformada en 1915. Hasta hace pocos años hubo otras fuentes, una en el Barrio del Valle, junto a la carretera de Béjar, y otra, más alejada de la población, también llamada Fuentita, junto al río Gabín, de la que se abastecían muchos vecinos por su reconocida calidad. No podemos obviar la importancia del agua como elemento de transformación del paisaje de Las Cavenes de El Cabaco, en relación a las explotaciones auríferas durante la ocupación romana. Vinculados a la actividad minera durante los primeros siglos de nuestro era, se establecieron algunos asentamientos como el de Fuente de la Mora, conservado en la actualidad. La actividad socioeconómica de entonces no solo se limitaba a las labores mineras, sino a toda una serie de actividades agrarias y textiles, caracteriza por un adecuado aprovechamiento de los recursos, que determinaba ya una organización territorial compleja. Una vez abandonados los poblados tras la finalización de la actividad minera, una gran parte de las estructuras romanas se conservan en la actualidad como elementos fosilizados en el paisaje, en otros casos la antigua red hidráulica se ha conservado gracias a la reutilización de los canales como caminos y, en otros ha seguido cumpliendo su papel en el abastecimiento de agua, como el de la actual conducción de agua para el abastecimiento de El Cabaco, conocida por el nombre genérico de "La Regadera" , cuyo trazado es considerado muy antiguo en la zona, en buena parte de su recorrido de origen romano. También hemos de tener presente los aprovechamientos hidráulicos producidos con posterioridad y en particular el acondicionamiento de “charcas” para uso ganadero, implantadas a veces sobre las mismas estructuras romanas y que, en todo caso, reaprovechan el sentido de las conducciones antiguas. Tales charcas suponen en realidad una cierta continuidad del uso hidráulico, reavivando un paisaje fosilizado. El agua, en definitiva, es entre muchas cosas valiosas, un recurso que nos permite comprender también la interacción permanente entre el medio físico y los pobladores que históricamente conforman un paisaje cultural, en constante proceso de cambio y transformación. BIBLIOGRAFIA. - Almedia Cuesta, Hilario (1993): “El Cabaco en la Sierra de Francia y cuenca alta del Yeltes”. - Sánchez-Palencia, F.-J. y Ruiz del Árbol, M. (2000): "Estructuras agrarias y explotación minera en Lusitania nororiental: la Zona Arqueológica de Las Cavenes (El Cabaco, Salamanca)". En J.-G. Gorges y T. Nogales Basarrate (coord.) Sociedad y cultura en Lusitania romana. IV Mesa Redonda Internacional: 343-358. Mérida. - Museo de Salamanca (2002): “Tierra, Agua y Oro. Arqueología del Paisaje en la Sierra de Francia”. leer más »

EL CABACO: BIEN DE INTERES CULTURAL: EL CONVENTO DE «EL ZARZOSO»

DESCRIPCIÓN El Monasterio de monjas franciscanas de la Tercera Orden Regular de «El Zarzoso» (Salamanca), se encuentra enclavado en la vertiente sur de una de las estribaciones montañosas del norte de la Sierra de Francia, en el término municipal de El Cabaco. El edificio del monasterio forma un rectángulo irregular, con centro en el claustro, a partir del cual se disponen el resto de las dependencias. Un muro de unos 4 metros de altura, delimita la huerta del monasterio, y se extiende hacia el norte, en un profundo desnivel, que permite que el agua, cuyos nacederos se encuentran en la parte alta de la cerca, lleguen al monasterio por su propio peso. En el ala oeste se sitúa la iglesia, edificio gótico, de una sola nave, separada del presbiterio por un arco ojival de moldura ondulada. Realizado en piedra de Villamayor, el presbiterio acoge en su frente un espléndido retablo, con hornacina central y dos laterales, separadas por columnas, expositor, sagrario y mesa de altar, todo ello realizado en piedra policromada, y escudo franciscano flanqueado por dos ángeles, en el piso alto. Las paredes laterales son, asimismo, de gran interés, realizadas igualmente en piedra, tiene una composición similar, con dos hornacinas enmarcadas en sendos arcos de medio punto, rematados en una cenefa de piedra labrada, y separadas por medias columnas decoradas, con escudos en piedra policromados en dorado, acogen un fresco y retablo de piedra respectivamente. El presbiterio se cubre mediante bóveda de nervios que apoyan en basas situadas en el tercio superior de las paredes, al igual que las que cubren la nave, aunque en este caso no se realicen en piedra de Villamayor, como en el presbiterio. El acceso principal a la iglesia se realiza mediante arco de medio punto, enmarcado en sillería de granito. En el ala sur se localiza la fachada y entrada principal del monasterio, a través de la cual se accede a un espacioso torno y al claustro. A su lado la sacristía, que conserva en su parte alta dos celdas originales, meintras que el resto ha sido acondicionado para usos actuales. En el ala este se sitúan los locutorios, el comedor antiguo, y las nuevas celdas de la comunidad en el piso alto. Al norte se sitúa la cocina, despensas, comedores y la hospedería. Independientemente del cuerpo del monasterio y de idéntica construcción, se localiza en la zona suroeste del conjunto el edificio conocido como la Casa del Capellán, de dos plantas, conserva la baja en su estado original. DELIMITACIÓN DEL ENTORNO DE PROTECCIÓN Oeste: La carretera de SA-204, desde el acceso actual al convento, punto kilométrico 63,300 hasta 160 metros (vértice SO), en dirección a El Cabaco, y 260 metros en dirección a Tamames (vértice NO). Norte: La línea quebrada definida en primer lugar por el punto situado en la carretera hacia Tamames a 260 metros del camino de entrada al Convento hasta el vértice sur de la parcela triangular situada a la falda de la Cruz de los Gallegos, y en segundo lugar desde el último punto definido anteriormente hasta el quiebro del límite de fincas en cota 1.053. Este: Desde el último definido en el límite norte y siguiendo el límite de la finca en una longitud de 590 metros. Sur: La línea quebrada que va en primer lugar desde el último punto definido en el límite este hasta el cruce de los caminos a cota 945, y desde allí al vértice SO definido anteriormente. RESOLUCION DE 10 DE AGOSTO DE 1995, DE LA DIRECCION GENERAL DE PATRIMONIO Y PROMOCION CULTURAL, DE LA CONSEJERIA DE EDUCACION Y CULTURA, POR LA QUE SE ACUERDA TENER POR INCOADO EXPEDIENTE DE DECLARACION DE BIEN DE INTERES CULTURAL, COMO MONUMENTO A FAVOR DE LA IGLESIA Y EL CONVENTO DE «EL ZARZOSO», EN EL CABACO (SALAMANCA). Comunidad Autónoma de Castilla y León Rango: Resolución Publicado en: BOE número 211 de 4/9/1995, páginas 26952 a 26952 (1 pág.) Referencia: BOE-A-1995-20431 leer más »

El Cabaco: Historía y Patrimonio

Nos tomamos la licencia de hablar de El CABACO, pueblo en el que, en el devenir de nuestra vida, estamos echando raíces. No tratamos de “enseñar el sol con una linterna”, solo que al ir descubriendo donde estamos no nos podemos resistir a valorar lo que poco a poco hemos ido aprendiendo,……… EL CABACO TIENE MUCHA HISTORIA Y PATRIMONIO, que a la vez está compuesta por otras muchas historias, más o menos ciertas, más o menos místicas, algunas leyendas, otras “académicas”, etc. que dan a El CABACO un lugar en la historia de las historias. Para empezar, el propio nombre del pueblo, El CABACO, parece tener su origen en una acepción prosódica de CAVADO, forma romance del latín CAVATUS, que significa, sitio donde se han hecho excavaciones. La idea de cavado y de las excavaciones está implícita igualmente en los nombres de LAS CAVENES, que es como se designan a las grandes zanjas, existentes en su término y del arroyo Cavaquillo, y del río CAVIN, con "uve" como escribían los antiguos, en cuya vera se construyó el pueblo. El Padre Cesar Morán, sugirió la existencia de algún castro vetton tales como La Corona, Castro Mirón, etc. (aunque no hay evidencias) y varios asentamientos romanos para explotar los yacimientos de oro en el sitio denominado las CAVENES. Parece que todo empezó en el Siglo I de nuestra era, en el asentamiento romano Fuente de Mora, cuando los antiguos pobladores explotaron LAS CAVENES (Bien de Interés Cultural como Zona Arqueológica. 2006), que fueron y son el resultado de las labores mineras romanas para extraer el oro. El sistema minero utilizado, conocido como “Surcos convergentes” consistía en el lavado sistemático y exhaustivo del oro, mediante la erosión del agua, que era arrojada en tromba a los pies de la Peña de Francia, disponiendo al efecto de toda una red hidráulica de una extensión aproximada de 14 km2. A través de una serie de canales emisarios o de explotación (Emissaria), el agua arrastraba el conglomerado a través de una serie de surcos, previamente excavados, hasta converger en un canal de lavado (Agoga), donde quedaría depositado el oro. Las huellas se pierden en el tiempo y parece ser que El CABACO nació “oficialmente”, en el Altozano, en el siglo XII cuando al Conde Raimundo de Borgoña, por encargo de su suegro el Rey Alfonso VI, se le encomendó la tarea de repoblar esta zona de la provincia de Salamanca, vacía desde que se produjo en el siglo VIII, la invasión de la Península por los Árabes. Pasamos al siglo XV y según cuenta la leyenda, en 1424 una moza de Sequeros anuncia el descubrimiento de una virgen en las montañas por alguien de lejanas tierras. Simón Rolan (conocido como Simón Vela), francés de procedencia, siente la “llamada” y comienza su búsqueda, y por los años del 1434, tras nueve años de búsqueda, la encuentra en la que hoy conocemos como Peña de Francia (también cuentan que esta montaña ya era sagrada para el pueblo vetton, tal vez la tan buscada Lancia Oppidana). Comenzó la construcción, que tras sucesivas obras, y suponemos grandes esfuerzos, dieron lugar al SANTURARIO DE LA PEÑA DE FRANCIA (Monumento Histórico – Artístico. 1956), compuesto por Iglesia, Hospedería, Capillas, Plaza y varios miradores. En medio de la plaza, como señal de exención jurisdiccional, concedida casi desde su fundación y confirmada por Carlos I, se yergue el ROLLO DE JUSTICA (Bien de Interés Cultural como Monumento Artístico. 1965), en los que se aprecia los escudos del Reino, de la Virgen, de los Dominicos y la figura de un ajusticiado, con los que se realza “unión” de la justicia divina y terrenal. Un poco más tarde, en 1445, se inicia la construcción del MONASTERIO DE PORTA COELI (Bien de Interés Cultural como Monumento Artístico. 1995) tras la cesión del Mariscal Gomez de Benavides de la finca de El Zarzoso a la orden de las franciscanas, que aun hoy habitan. Saltamos al Siglo XX, a la década de los cuarenta, cuando en el mundo tronaba la guerra, El CABACO, a su manera y salvando “las distancias”, participó en la Segunda Guerra Mundial ya que el descubrimiento de las vetas de “wólfram” por aquellos años, supuso, aparte del auge económico y social, participar de la contienda ya que dicho mineral era estratégico para los alemanes. Esto desencadenó negociaciones y presiones entre los gobiernos, la subida de los precios que, derivaron en el auge minero pero también en la picaresca, el contrabando,… y más historias, con minúsculas, de anécdotas todavía hoy recordadas y contadas. Según avanzaban las explotaciones, se abrían nuevas minas, bautizadas con curiosos nombres, la mina de la Amistad, Cuesta Calera, Prado Carretero, Zarzosillo, Tarayuela, la Rebolá, El minero, el Jurdano, Fuente Cintao, Prado Carretero, Peñas del Mosquil, Cuatro Amigos, Cecilia, Morenita, Comunal, San Jaime, Porta Coeli, Blanquita, Esperanza, Teresita, La Sorpresa, Pilarín II, Catalina, Natividad, Reunión, Dos Amigos, San Miguel, San José, Maria del Carmen, Isabela, Agustinita, Rogabí, Resurrección, Cuatro Hermanos, Los Remedios,… En los años noventa se acometieron diferentes iniciativas para salvaguardar el patrimonio minero, por un lado se puso en valor el yacimiento arqueologico de LAS CAVENES, con la señalización de una ruta y la construcción del Centro de Interpretación, y por otro lado, se sellaron las catas de wolframio para evitar posibles accidentes dejando descubiertas dos pequeñas catas de la mina de la Tarayuela. El cambio de milenio, le han valido para, con otras poblaciones, incorporarse al Parque Natural Las Batuecas – Sierra de Francia y a la Reserva de la Biosfera de la Sierra de Béjar y Francia, titulo otorgado por la UNESCO Nos dejamos muchas cosas como el puente viejo (“romano” dicen algunos, aunque posiblemente sea medieval), la iglesia, la plaza, la alhóndiga, las setas u hongos, y alguna más relajante, como “la dehesa” sitio inmejorable para pasar buenos ratos y disfrutar de los amigos y amigas. De las fiestas, (de los mozos, la emperrá, las de San Juan -a punto de celebrarse-, etc.)…….…… no es necesario hablar porque estas no se cuentan se DISFRUTAN. leer más »

Yacimiento Arqueológico de Las Cavenes

Las Cavenes es un conjunto arqueológico, declarado como BIEN de INTERES CULTURAL como ZONA ARQUEOLOGICA en el año 2002, localizado en el municipio de El Cabaco (Provincia de Salamanca, España), en el pie de monte de la sierra de Francia,al suroeste de la provincia de Salamanca. El conjunto que conforma esta zona arqueológica está constituido por las estructuras resultantes de la explotación aurífera romana, y el asentamiento humano relacionado con ella, conocido como Fuente de la Mora, fechable entre la primera mitad del s. I d. C. y finales del s. II d. C., conservado de forma excepcional por la fosilización del paisaje. Su explotación se encuentra vinculada a la reorganización del territorio de Lusitania septentrional, iniciada por Augusto, de forma paralela a la reestructuración provincial de Hispania. La técnica de explotación empleada en Las Cavenes fue el sistema selectivo conocido como "series de surcos convergentes". El procedimiento consistía en remover y lavar de forma exhaustiva y sistemática el conglomerado, utilizando el agua como agente erosivo y extractor. El agua era arrojada desde los canales emisarios o de explotación sobre surcos que se trazan en el suelo y que van erosionando sucesivamente el conglomerado aurífero y acarreándolo en forma de lodos hacia los canales de lavado o "agogae" donde quedaría depositado el oro. Las estructuras resultantes de este procedimiento de extracción del oro pueden clasificarse en tres grandes grupos, la red hidráulica, los desmontes o vaciados mineros resultantes del proceso de extracción del mineral aurífero y las zonas de evacuación y acumulación de los estériles resultantes. La red hidráulica está formada por canales y depósitos que aportan y regulan el agua necesaria para la explotación, ya que el agua es utilizada sucesivamente para deshacer, arrastrar, lavar y evacuar los estériles del conglomerado aurífero. En Cavenes se han distinguido los siguientes tipos de canalizaciones y zonas de embalsamiento: 1. Canales de abastecimiento, o "corrugi", que son los que generan una nueva red hidráulica, parten desde la propia captación de agua (arroyos en las faldas de la Peña de Francia) o desde los depósitos reguladores y desembocan en sectores de explotación, generalmente con sus correspondientes depósitos. 2. Los depósitos de agua, "piscinae" o "stagna", que actúan como reguladores de la corriente suministrada por los canales de abastecimiento y envían el agua a los diferentes frentes de laboreo. 3. Los canales emisarios o de explotación, "emissaria", que desde los depósitos desembocan en los frentes de explotación. Los desmontes o vaciados mineros producidos sobre el yacimiento, que constituyen la mina de oro propiamente dicha, es decir, la zona concreta de extracción del oro, están delimitados en su cabecera por los frentes de explotación, que marcan la extensión máxima de la mina, y por los canales de lavado en la parte opuesta, marcando el fin del desmonte. Aunque estos últimos no se han conservado, sí se puede identificar el final de las zonas de extracción gracias al estrechamiento que comúnmente marca el inicio del canal de evacuación de estériles. La superficie interna de todas las labores muestra hileras de cantos rodados que testimonian la separación de los estériles más gruesos antes de la posición que ocuparía el canal de lavado. A una escala más amplia, se puede comprobar la convergencia de todos los surcos hacia un mismo punto y la formación a partir de él de las colas de lavado o conos de deyección donde se acumulaban los estériles más finos. El avance de la mina exigía poder evacuar permanentemente la gran mayoría del material estéril fuera del yacimiento, de forma que el posible frente de explotación quedase siempre limpio y libre para la extracción. Esto se conseguía mediante la excavación de unos canales de evacuación por donde se hacía salir casi todo el material removido, una vez lavado y recogido todo el oro que contenía. Sólo el material más grueso y pesado quedaba depositado en el interior de la labor minera. Cada labor daba lugar a una acumulación de estériles. El mayor o menor encajonamiento de las vaguadas donde se concentraron hace que los conos de deyección sean más o menos difusos o nítidos. El contenido de este artículo incorpora material de la declaración del Bien de Interés Cultural publicado en el BOE Nº 164, el 10 de julio de 2002 leer más »